Accademia della Crusca, Guardiana del buen pan y el buen italiano.

por

Allá por la Florencia del siglo XVI, cuando los poetas aún discutían si Dante era demasiado atrevido y los eruditos se batían en duelo con sonetos en lugar de espadas, un grupo de amigos que se hacían llamar “la brigata dei crusconi”, tuvieron una idea tan simple como genial: la creación de la Accademia della Crusca.

Pensaron: “¿Y si nos reunimos a limpiar el idioma, igual que se limpia la harina del salvado?”.

Se referían en tono jocoso, claro está, a la primitiva Academia Florentina a la que tildaban de pensante.

Así nació, hacia 1582, la Accademia della Crusca. Literalmente significa “Academia del Salvado”. Sí, su nombre suena más a panadería que a institución lingüística, pero ese era justo el chiste: ellos querían “cernir” la lengua italiana, separando lo puro de lo basto.

Inicios de la Accademia della Crusca

Sus reuniones estaban llenas de bromas, juegos de palabras y mucho ingenio. Cada académico adoptaba un nombre y un emblema relacionados con la harina, el pan o los cereales. Uno se hacía llamar “Cruscone” (el Salvado Gordo), otro “Lievito” (Levadura).

Se citan tradicionalmente como fundadores de la Crusca a Bernardo Canigiani, il Gramolato; Giovan Battista Deti, il Sollo; Anton Francesco Grazzini, il Lasca; Bernardo Zanchini, il Macerato; Bastiano de’ Rossi, l’Inferigno, y se une a ellos en octubre de 1582, Lionardo Salviati (l’infarinato), que definió y estableció el papel normativo que la Crusca tiene desde entonces.

En el salón principal, en vez de escudos heráldicos, colgaban palas de panadero con sus motes escritos en ellas. Todo muy serio… pero con estilo toscano.

Pero ojo, que entre tanta broma había talento de sobra. Por las filas de la Crusca pasaron grandes figuras de la literatura y la cultura italiana, como hemos mencionado.

Accademia della Crusca. Palas

Ilustres en la Accademia della Crusca

Leonardo Salviati, su impulsor y defensor del toscano de Dante.

Galileo Galilei, que colaboró con ellos (y sí, el mismo que se peleaba con la Iglesia, también corregía gramáticas).

Vincenzo Borghini y otros eruditos que amaban tanto la lengua que la diseccionaban con más precisión que un cirujano renacentista.

Sobre 1590, la Accademia della Crusca, decidió centrar sus esfuerzos en un nuevo trabajo, impulso y limpieza del italiano. En 1612, los académicos decidieron que ya era hora de dejar su huella en el mundo y publicaron el primer gran diccionario del italiano, el Vocabolario degli Accademici della Crusca.

El “Fondo dei Citati” de la Crusca

En la biblioteca de la Accademia della Crusca está conservado un fondo llamado “Fondo dei Citati”. Es una colección clave para la historia de la lengua italiana porque agrupa los libros impresos que fueron citados como fuentes para el gran vocablo de la Accademia della Crusca, es decir, los textos que los académicos consideraban de referencia.

Esta colección consiste en 1.684 ediciones impresas que fueron citadas (es decir: utilizadas como fuentes o referencias) en las cinco ediciones del célebre Vocabolario degli Accademici della Crusca, publicadas entre 1612 y 1923.

Su conservación y digitalización permiten hoy estudiar cómo ha sido la evolución del italiano desde los siglos XIV/XV hasta comienzos del siglo XX, en términos de uso literario, selección de vocablos, citas, etc.

Este fondo tiene gran valor histórico-lingüístico: representa los textos que los académicos de la Crusca consideraron importantes para definir, fijar o documentar el “italiano” entendido como lengua literaria culta.

Pero también es de gran valor patrimonial, pues refleja la historia de esta institución, su labor de normalización lingüística, y cómo ha intervenido en la conformación de lo que hoy entendemos por italiano estándar.

«Il più bel fior ne coglie»

Su lema, “Il più bel fior ne coglie” (“Recoge la flor más bella”), sigue recordando su misión: preservar la pureza, pero sin perder el sabor.

Las cinco ediciones del vocabulario de la Crusca que citan estas obras van de 1612 hasta 1923.

Fue un hito histórico: el primer diccionario moderno de una lengua europea. Tan bueno fue, que la Académie Française (fundada después) se inspiró directamente en él. ¡Los franceses copiando de los italianos! Un pequeño triunfo nacional.

A lo largo de los siglos, la Accademia siguió viva (aunque con pausas), adaptándose a los tiempos. En el siglo XIX, durante la unificación italiana, ayudó a definir el italiano estándar, y hoy en día sigue en Florencia, analizando neologismos, modernismos y palabrotas con la misma pasión que hace cuatro siglos.

Desde italianamente, esperamos que os haya gustado la historia de la Accademia della Crusca. Esperamos vuestros comentarios en nuestro blog.

También te puede interesar…

Verbi ausiliari

Verbi ausiliari

Essere y Avere: los verbi ausiliari que no puedes evitar Cuando empiezas a estudiar italiano, hay dos verbos que aparecen todo el tiempo, casi sin pedir permiso: Essere (ser/estar) y Avere (tener). No es casualidad. En italiano, estos dos verbos son los protagonistas...

Roma, ruta sacra

Roma, ruta sacra

Roma ruta sacra, el viaje que no olvidarás Hay viajes que no se hacen para ver, sino para atravesar.Roma es uno de esos lugares a los que no se llega por casualidad: se vuelve a ella con una intención. En mi caso, fue clara desde el principio. No venía a buscar...

Carnaval de Venecia en italianamente

Carnaval de Venecia en italianamente

La ciudad sin nombres   Carnaval de Venecia significa que los nombres dejan de ser necesarios. Eso pensó Pietro al cruzar el puente de la Accademia la mañana de la Plaza de San Marcos, envuelto en su Bauta impecable: máscara blanca, mentón prominente, capa negra...