Bernini vs. Borromini: la rivalidad que inventó el Barroco
Roma barroca, monumental y teatral, nació como de la contraposición Bernini Vs. Borromini, y esta rivalidad, como respuesta a la Reforma protestante. Bernini vs. Borromini es una constante hoy en día en el corazón de los romanos. En sus corazones, dos genios se enfrentaron con tanto talento como odio: Francesco Borromini y Gian Lorenzo Bernini.
Recordemos el contexto social e histórico que se vive en esos momentos. Después de la época turbulenta que acompañó al Concilio de Trento y a continuación de la relativa pacificación lograda a consecuencia de varias batallas, se va a abrir un periodo de historia de Europa occidental determinante para su futuro.
En este periodo hay un sistema de poder compuesto por dos focos: por un lado, las Cortes católicas, incluida el papado y por otro las sociedades burguesas y protestantes del norte y este de Europa.
La lucha con los protestantes ha terminado. La iglesia católica renuncia a los territorios perdidos y se aseguran los conservados. Entre Sixto V, en el año 1585 y Urbano VIII, en el año 1650, el papado tiene su periodo de mayor tranquilidad y hegemonía.
La Santa Sede, mantiene su posición de árbitro mientras se lanza a la difusión de la fe mediante la Compañía de Jesús. La política de la nueva iglesia se orienta hacia una atmósfera de conquista a través de la persuasión y el entusiasmo.
Bajo el papa Barberini, Urbano VIII, Roma se convierte en la ciudad barroca que hoy conocemos. Recordemos que su transformación comenzó con el papa Sixto V, el cual contrata a Doménico Fontana para llevar adelante el más trascendental plan urbanístico de la ciudad de Roma.
¿Cómo se puede crear movimiento en la arquitectura?
Efectivamente, no de una manera literal, sino con la utilización de un movimiento analógico formal a través de las líneas. Un movimiento puramente rítmico que se consigue trabajando con claroscuros, es decir con varios planos entrantes y salientes o bien utilizando la línea curva.
El barroco no significa cambiar los elementos del lenguaje: se sigue trabajando con pilastras, frontones, balaustradas, volutas, etc; es decir con todo el catálogo del clasicismo. La diferencia está en cómo se van a utilizar estos elementos para crear una expresividad nueva. Es un cambio de gramática y no de lenguaje. Hay una transgresión de la utilización de los elementos clásicos no hay ningún sentido constructivo, solo hay un sentido formal. Lo que se busca es interactuar con el espacio urbano como si fuera un telón de fondo de la ciudad.
El Barroco intenta crear con clarososcuros, monumentalidad; a pesar de que el edificio sea relativamente pequeño va a haber una voluntad de crear dinamismo, movimiento visual en las fachadas.
Todo esto se da dentro de un marco histórico donde hay una reacción de la Iglesia católica, hacia el protestantismo y donde se busca a través de las edificaciones, la utilización de elementos propagandísticos. Las artes se convierten en herramientas e instrumentos para transmitir ciertos valores. La justificación en los palacios, se argumenta para transmitir valores aristocráticos y el ideario en las iglesias, es para exaltar y trasmitir el esplendor de la Iglesia católica tras la pérdida de los territorios protestantes. Es justo aquí donde entra en juego la rivalidad Bernini Vs. Borromini.

Dos genios, dos destinos
Bernini era el niño mimado de los papas: un prodigio precoz, encantador, extrovertido, rico, mujeriego y trasnochador. Borromini, en cambio, era su opuesto: reservado, cerebral, célibe y profundamente religioso. Si Bernini seducía, Borromini intimidaba.
A los veinte años, Bernini ya esculpía mármol como si fuera mantequilla, mientras Borromini llegaba a Roma como un aprendiz desconocido. Pronto se convertiría en la mano derecha de su tío: Carlo Maderno, arquitecto de la basílica de San Pedro.
Bernini vs. Borromini: El nacimiento del Barroco
Cuando Maderno muere en 1629, Borromini se ve obligado a trabajar para su rival. Juntos levantan el imponente baldaquino de San Pedro, obra que inaugura el Barroco romano. Pero todo el crédito se lo lleva Bernini, a pesar de que fue Borromini quien resolvió los cálculos que evitaron el colapso de la estructura.
En el Palacio Barberini sucede lo mismo. La célebre escalera en espiral de Borromini es una joya arquitectónica, pero el mérito vuelve a caer sobre Bernini.
El San Carlino: el genio en pequeño formato
Cuando descubre que Bernini había pactado una comisión secreta en un negocio de mármol, Borromini rompe con todo y comienza su carrera en solitario. Su primera obra maestra es el San Carlo alle Quattro Fontane, una iglesia diminuta encargada por los trinitarios descalzos.
Lejos de ser una limitación, el pequeño tamaño inspira a Borromini: triángulos, elipses y curvas crean un dinamismo único. La cúpula parece flotar gracias a una genial ilusión óptica, con vanos ocultos y luz que parece venir del cielo. Si Bernini trabajaba en la majestuosa basílica de San Pedro, las figuras geométricas estucadas de la cúpula de «San Carlino», como le llamaban cariñosamente, comenzó a llamar la curiosidad de los romanos. Era imposible que una iglesia de pequeño formato y poco presupuesto, se igualara con la Basílica de San Pedro.
Como curiosidad, la fachada de San Carlino alle Quatro Fontane, fue inspiración para la fachada barroca de la catedral de Valencia, iniciada por el arquitecto alemán Konrad Rudolf en 1703 y que la Guerra de Sucesión impidió su ejecución.
La arquitectura barroca, no sólo incorpora elementos del gótico sino que los integra en una composición armoniosa arquitectura, pintura y escultura. Es lo que Bernini denominó «Bel composto».
De esta manera, Bernini comenzó a experimentar con la orquestación de las bellas artes que él manejaba a la perfección, creando pequeñas capillas de tipo funerarias, por lo general para crear un espacio místico de mucha introspección en el cual, en conjunto con un recinto de tamaño reducido, generaría un ambiente íntegro unificado con las diversas expresiones artísticas.
El llamado Bel composto, corresponde a la composición escenográfica en torno a una imagen central de carácter místico. Así, el espectador valoriza el significado de esta imagen como parte de un conjunto que expresa una idea en su totalidad.

San Ivo alla Sapienza: geometría celestial
El palacio Barberini, obra de Maderno, de Bernini y del propio Borromini, inspiró sin duda su siguiente obra, San Ivo alla Sapienza, que es otro prodigio de la divina sabiduría, como el fresco de Andrea Sacchi, «alegoría de la Divina Sabiduría», en el propio palacio Barberini.
La alegoría de la Divida sabiduría está también presente en el diseño de la iglesia de Sant’ Ivo alla Sapienza en Roma. Borromini la comenzó en 1643 y fue consagrada, inconclusa en 1660.
La planta consiste en la superposiciónn de dos triángulos equiláteros que forman un hexágono estrellado (sello del sabio Salomón y símbolo también de la Santísima Trinida, Suma Sabiduría). Diseño que se repite en la cúpula de perfil mixtilíneo para adaptarse al templo.
Remata el edificio, sobre la linterna, una espiral inspirada en el zigurat mesopotámico que representa la torre de Babel. En la cúspide, una cruz encima de una espera (el orbe), brilla sobre todo el mundo.
Limitado por el espacio, Borromini diseña esta planta estrellada de seis puntas, con curvas que se entrelazan en un juego de luz y simbolismo. Hexágonos, abejas y estrellas se repiten como lenguaje visual.
Dentro, la luz se mueve, los muros respiran y el gris pálido acentúa los contrastes. Un templo para la mente, frente a los dorados teatrales de Sant’Andrea al Quirinale, la respuesta de Bernini.
Caídas, reconciliaciones y genio
Mientras tanto, Bernini fracasa con los campanarios de San Pedro. Borromini aprovecha el escándalo, y el nuevo Papa, Inocencio X, derriba las torres y le retira el favor al escultor. Por fin Borromini parece triunfar.
Pero la suerte cambia: a Bernini le viene bien el ostracismo al que el nuevo Papa le somete y vuelve con fuerza a su gran pasión: la escultura. Éxtasis de Ludovica Albertoni (una de sus últimas obras, realizada con 71 años), Éxtasis de Santa Teresa y la Fuente de los Cuatro Ríos en Piazza Navona, justo frente a la iglesia que Borromini construía, Santa Inés en Agonía. Dos rivales, dos obras, una plaza. Puro teatro romano. Puro Barroco: Roma.

El final de los maestros
El siguiente Papa, Alejandro VII, devuelve a Bernini el favor papal. A los sesenta años, el escultor levanta la Columnata de San Pedro y la Escalera Regia, donde usa el mismo efecto óptico que Borromini había creado en el Palazzo Spada.
Borromini, cansado y frustrado, se suicida en 1667. Bernini vivirá trece años más, triunfante hasta el final, incluso invitado a París para trabajar en el Louvre. Pero la historia ha sido justa: Bernini ganó su siglo; Borromini, la eternidad.
El legado barroco en Roma
Roma es una ciudad con mil historias, pero pocas tan intensas como la de estos dos hombres que transformaron piedra, fe y rivalidad en arte eterno. Aún hoy, los romanos se dividen: ¿eres de Bernini, el virtuoso del espectáculo, o de Borromini, el poeta de la geometría?
¿Y tú? ¿Con cuál te quedas? ¿Con Bernini? ¿Con Borromini? ¿Con ambos?
Con gusto puedes compartir con nosotros tanto tus impresiones de ambos autores como tus impresiones tras visitar Roma.
Un saludo de parte de Italianamente, y hasta el próximo viaje por la historia en nuestro Blog



