Zecchino d’oro. Historia y presente

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Zecchino doro: historia, y presente de la canción infantil italiana. 

Zecchino d’oro es, desde finales de los años 50, uno de los acontecimientos musicales y televisivos más reconocibles de Italia. En italianamente te contamos hoy sus orígenes, su evolución, su impacto cultural y las claves de su actualidad, ya que entre el 28 y el 30 de noviembre celebrará su edición número 68. Todo un clásico de la música infantil italiana en vísperas de Navidad. 

¿Qué es el Zecchino d’oro?

Zecchino d’oro es un festival y concurso de canciones infantiles nacido en Italia en 1959. Desde sus inicios ha estado vinculado al mundo de la infancia, la educación musical y la televisión pública. A diferencia de otros concursos, el foco del Zecchino no recae tanto en el intérprete como en la canción: las piezas presentadas están pensadas para el público infantil y son, por norma, obras originales escritas por compositores y letristas.

Zecchino d'oro 68 Bolonia

Orígenes del Zecchino d’oro: cómo nació un clásico 

El festival surgió en el contexto de la creciente oferta televisiva para niños de la posguerra. También como adaptación al público infantil del prestigio que estaba cosechando el Festival de San Remo, creado en 1950.

Concebido como un evento musical para el «Salone del Bambino» en Milán, tomó impulso gracias a figuras televisivas y culturales que vieron en la canción infantil un medio para educar y entretener. Pronto se estableció la colaboración con el Antoniano di Bologna, que pasó a ser el organizador y custodio del proyecto desde entonces. 

Una de las aportaciones fundamentales fue la creación del Piccolo Coro dirigido por Mariele Ventre, coral infantil que se convirtió en sello distintivo de las emisiones y en acompañamiento esencial de las actuaciones. 

Una vez puesta en marcha la idea, había que dar un premio especial, simbólico. Nadie sabía como llamar al galardón, pero su creador, Cino Tortorella, autor de otros personajes míticos de ficción como el Mago Zurlì, comentó en una reunión:  

Quel premio dovrebbe essere come uno zecchino…
piccolo, prezioso, che brilla anche se è minuscolo.”

(Ese premio debería ser como un zecchino… pequeño, precioso, que brilla aunque sea diminuto.)  

Fue así entre bambalinas, que los creadores pensaron en entregar a los chavales ganadores un cequí de oro. Una moneda muy apreciada en la República de Venecia desde 1284. Nacía oficialmente el Zecchino d’oro allá por 1959. Y un Zecchino d’oro se llevó a casa Giusi Guercilena de 12 años y la ganadora de la primera edición del Zecchino d’oro con una canción que rápidamente fue un éxito en toda italia: «Quartetto».

Formato y características del concurso 

El formato clásico del Zecchino d’oro incluye: 

  • Canciones originales, compuestas específicamente para el festival. 
  • Intérpretes infantiles (niños y niñas) que llevan las canciones al escenario. 
  • El premio se atribuye a la canción y su autor, más que al niño intérprete. 
  • Participación del coro, acompañamientos instrumentales y una puesta en escena dirigida a familias. 

Esto hace que muchas canciones del Zecchino hayan trascendido la emisión: se han convertido en temas populares del repertorio infantil italiano, transmitidos de generación en generación.  

En la década de los 60 y 70, la repercusión del Zecchino fue tal que no solo se codeaba con el Festival de San Remo, sino que multitud de países, postulaban a cantantes infantiles, adaptándoles canciones en italiano para que pudieran participar. 

España, por ejemplo, ha participado en varias ocasiones, logrando el segundo premio, el zecchino d’argento, con canciones como “Torero al pomodoro” (1976), “Per me cantare un gioco” (1984) o “I pupazzetti” (1992). 

Años clave del Zecchino d’oro: expansión e internacionalización 

Como decimos, crecida la popularidad durante las décadas de 1960 y 1970 el festival también creció en calidad y presencia mediática. Se fueron incorporando piezas de fuera de Italia y el modelo de transmisiones en televisión llegó a millones de hogares. El Zecchino también se consolidó como un escaparate para compositores y letristas interesados en la canción para la infancia. 

Aunque la esencia permaneció, el festival fue adaptando su puesta en escena y la producción técnica a las innovaciones televisivas (paso a color, nuevas escenografías, cambios de formato), sin abandonar el espíritu original: la simplicidad y la atención a los niños.  

Aunque son muchos los títulos que han pasado al colectivo imaginario de los italianos son precisamente en estas décadas, cuando aparecen los celebérrimos “Quarantaquattro gatti”, interpretada por Bárbara Ferigo (1968). También el archiconocido “Popoff” de Walter Brugiolo (1967). 

“Il caffè della Peppina”, “Canzone amica”, “Il cocodrillo come fa” o “Le tagliatelle di nonna Pina”, vendrían años después y también se convertirian en canciones que han sobrevivido al tiempo y ya son populares entre los italianos sin necesidad de saber sus orígenes. 

Impacto cultural y educativo del Zecchino d’oro 

El valor cultural del Zecchino d’oro no se limita al entretenimiento: ha servido como herramienta educativa y social. A través de canciones que abordan temáticas cercanas a la infancia (amistad, naturaleza, valores), el festival ha contribuido a formar un repertorio musical con función pedagógica. 

Además, el proyecto asociado al Antoniano ha promovido iniciativas solidarias y formativas: talleres, actividades con escuelas y proyectos de inclusión que extienden la influencia del festival más allá del plató de televisión. 

Efectivamente, la música infantil constituye un espacio privilegiado para comprender cómo las culturas transmiten valores, normas y visiones del mundo a las nuevas generaciones.  

Las canciones para niños no son simples entretenimientos, sino vehículos simbólicos que condensan historias, identidades colectivas y prácticas sociales. A través de nanas, juegos cantados y repertorios escolares, cada cultura introduce a los niños en su universo cultural, marcando ritmos, gestos y formas de relación específicas. 

Las letras infantiles suelen incluir elementos de la vida cotidiana, personajes tradicionales y estructuras narrativas heredadas que refuerzan la pertenencia al grupo.  

Al mismo tiempo, la música infantil funciona como un espacio de socialización: enseña roles, fomenta la cooperación y transmite modelos de convivencia. Incluso sus melodías y modos rítmicos reproducen patrones estéticos característicos de cada región, convirtiéndose en un laboratorio vivo de la diversidad cultural. 

Así, el zecchino d’oro es una puerta de entrada al mundo simbólico de una sociedad y un medio fundamental para su continuidad. En cada canción se entrelazan memoria, identidad y aprendizaje, haciendo de la infancia un territorio donde la cultura se renueva y se proyecta hacia el futuro. 

En este sentido, el Zecchino d’Oro no solo difunde música: articula un sistema de significados colectivos donde la infancia se convierte en depositaria y transmisora del patrimonio cultural italiano, renovándolo con cada nueva generación. 

El Zecchino d’oro en la era digital: adaptación y desafíos 

En la era del streaming, las redes sociales y el consumo a la carta, mantener la relevancia de un festival televisivo clásico requiere adaptaciones. Entre las estrategias adoptadas por el Zecchino figuran: 

  • Presencia activa en redes y plataformas para acercar contenidos a un público joven y a sus familias. 
  • Publicación de vídeos, clips y material educativo en YouTube y sitios asociados. 
  • Colaboraciones con escuelas y proyectos didácticos que dan continuidad al valor formativo de las canciones. 

Pese a la competencia de contenidos infantiles online, Zecchino mantiene el valor de la tradición y la reputación acumulada, lo que le permite seguir siendo un referente en Italia. 

¿Por qué perdura el Zecchino d’oro? 

Hay varias razones que explican su pervivencia: 

  • Identidad clara: se centra en canciones infantiles originales con un objetivo pedagógico y lúdico. 
  • Calidad coral y musical: el trabajo del Piccolo Coro y los arreglos musicales generan un sello distintivo. 
  • Conexión intergeneracional: muchas familias conservan cariño por las canciones históricas y las transmiten a los hijos. 
  • Apoyo institucional: la colaboración con el Antoniano y la cobertura televisiva han garantizado continuidad. 

 Zecchino d’oro Edizione 68ª

Zecchino d’oro es más que un concurso: es un patrimonio cultural vivo que combina música, infancia y televisión.  

A lo largo de más de seis décadas ha sabido adaptarse sin renunciar a su misión fundacional: ofrecer canciones pensadas para los niños, con valores educativos: éticos y estéticos, y que atraviesan por generaciones de italianos.  

Su futuro dependerá de la capacidad de conjugar tradición y digitalización, manteniendo su sello distintivo en un universo mediático muy competitivo. 

Pero lo más importante es recordar que entre el 28 y el 30 de noviembre de 2025, podremos disfrutar un año más de la 68 edición del Zecchino d’oro. A las 17’00 horas del día 28 por RAI1, y desde la magnífica Bolonia, el Piccolo Coro dell’Antoniano, comenzará a entonar de nuevo el clásico «Siamo noi, lo zecchino, siamo noi».  ¡¡¡Disfrútenlo!!! 

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