Dante en el Siglo XXI.

Dante Alighieri moría un día como hoy de 1321. Su cosmovisión sigue siendo una incógnita en algunos aspectos. En el aniversario de su muerte, hoy queremos dedicar esta entrada a uno de los mayores genios universales que ha dado Italia. Tanto en el arte literario como en el pensamiento en general.

Y es que, La Divina Comedia de Dante Alighieri marca el inicio de la moderna literatura de ideas. Incluso, aunque desde nuestro prisma del siglo XXI, el corpus ideológico del autor nos resulte ajeno a nuestro pensamiento contemporáneo.

A nuestros ojos actuales, nos puede parecer el de Dante Alighieri un pensamiento rígido de un siglo XIII ya obsoleto. Pero en la mente del poeta florentino, justo lo que carecía de rigidez era su pensamiento. Abandonar al todopoderoso Virgilio en el infierno o describir exhaustivamente un purgatorio inexplorado hasta entonces supuso una libertad impropia de aquella época.

Nunca podrá darse otro Dante Alighieri. Es cierto que su genio es irrepetible, pero también por otra circunstancia: probablemente, las condiciones modernas actuales no son favorecedoras de otro talento de tal magnitud. Una fuerte confianza en sí mismo es lo que le indujo escribir su obra.

Por lo poco que sabemos de Dante Alighieri, su carácter era algo desabrido. Se sentía muy seguro de tener razón en cualquier ámbito. Convencido de su particular teología católica y de su sistema de valores. Poseedor de una certeza elevada en su propia comprensión de los temas religiosos. Una visión que difería bastante de los dictados oficiales de la Iglesia Romana. Hasta el punto de que algunos de sus escritos fueron prohibidos. Describir como hizo, el inexplorado territorio del purgatorio, o proponer el aspecto concreto que debiera tener la santísima trinidad, bien le valió la censura del Santo Oficio.

Interpretando el mundo.

Para más irritación de las autoridades eclesiásticas, Dante Alighieri estaba convencido de que todas las religiones se equivocaban. Según él, el infierno no había sido bien descrito por ninguna teología. Esta firmeza en su convicción le permitió diseñar su propio infierno, purgatorio y cielo. Pero también a todos su habitantes.

El legado de Dante Alighieri consiste principalmente en habernos dejado una finísima descripción simbólica del particular recorrido de los moradores de esos tres niveles. Sería impensable que hoy en día, alguien nos propusiera como sería nuestra estancia en el infierno, el purgatorio o el mismo cielo. Hay que tener mucha confianza en uno mismo para describir un territorio tan particular.

En su descargo, habría que recordar que en la época que Dante Alighieri comenzó a escribir su obra maestra, el conocimiento en general, era finito. Estamos hablando de entre 1307 y 1317. Año este último en torno al cual terminó de escribir «Commedia«, que fue el título original de la obra.

Pues bien, en esa época de saberes a medio gas aún, más o menos, una persona podía saberlo todo. Es decir, que un sólo y único erudito estudiante de cualquier universidad, como Dante Alighieri, podía razonablemente creer que poseía todo el saber conocido en el mundo acerca de cualquier disciplina. Historia, Ciencias, matemáticas, Literatura, Religión, Política, etc.

Con el paso de los años y de los siglos, los enfoques sobre el conocimiento y los sistemas de creencias se ampliaron. Fue entonces, cuando «La Divina Comedia» tuvo un difícil recorrido.

Recorrido de «La Divina Comedia».

Después de Italia, España fue el primer país que leyó y tradujo a Dante Alighieri. Sin embargo, La inquisición, ante la incipiente diferenciación cultural de los siglos XV y XVI, condenó la obra. Esto retrasó en España la repercusión amplia de Dante.

Incluso en el siglo XVIII, ciertos autores como Voltaire, veían bárbaras las descripciones que Dante Alighieri hacía de los castigos infernales. De esta manera, lo enterraron aún más que La Inquisición.

A lo largo del XIX la ideología y la teología de Dante Alighieri siguieron siendo los principales argumentos para permitir o prohibir la lectura del poema.

Por un momento, pensemos: hoy en día, si viéramos a alguien que tuviera tanta confianza en sí mismo como la que tuvo Dante Alighieri a la hora de escribir un gran obra, ¿ Qué diríamos de él?

Probablemente lo tacharíamos de extremista. También tirano. Lo más seguro es que dijéramos de él que era peligroso. Lo triste es que tal vez tuviéramos razón.

Pero, Dante Alighieri y su «Divina Comedia», pese a todo, son populares. Incluso, ahora más que en otro cualquier momento de la historia. Y todo esto, casi 700 años después. ¿ Qué es lo que nos sigue seduciendo de Dante Alighieri?

La esperanza en Dante Alighieri.

Esto es lo que nos sigue intrigando de Dante Alighieri. Su obcecada pero sincera convicción de que su poema transformaría el mundo. Un mundo mejor. Un mundo donde hubiera una unidad fuerte. Tanto teológica, cultural y lingüística. A Italia, a Europa e incluso, por que no, más allá.

Conforme las diferentes cultura han ido abrazando cada vez más la diversidad, el poema parece volverse más potente y relevante para los lectores actuales. A medida que ganamos distancia con respecto al rígido sentido de la realidad que tenía Dante, la realidad que él inventó meticulosamente se vuelve más accesible hoy en día.

Es como si en el mundo actual, con tantas religiones, sectas y culturas, la visión de Dante Alighieri nos uniera. Una visión compartida por todos. Es decir, no perteneciente a ninguno. Existe algo reconfortante en el hecho de estar en medio de una confianza sin límites.

Esta es parte de la razón por la que tenemos tanto miedo a la demagogia. Por lo evidente que resulta su atractivo. Pero con Dante, hace ya tiempo que los dogmas se desactivaron. Tanto su ideología política como sus certezas teológicas ya no suscitan polémica alguna.

Todos podemos creer en el poema. No hace falta tener en cuenta nuestros antecedentes. «La Divina Comedia» nos aglutina y logra finalmente lo que Dante Alighieri se propuso: crear una nueva unidad.

No histórico y verdadero.

Cierto es, que probablemente, Dante no hubiera querido que leyéramos de esta forma su poema.

Pero pensemos. La mayor parte del Arte y de la Cultura, no se aprecian en el contexto que sus creadores imaginaron. Por lo que dicen las últimas averiguaciones de los más prestigiosos investigadores, Dante Alighieri pretendía sinceramente que sus lectores creyeran que él en efecto realizó ese viaje por los tres reinos de la vida después de la muerte. Como Eneas o San Pablo, a quienes menciona al comienzo del poema.

Pero, no existe prueba clara de que ningún lector se tomara esto en serio, incluso en el propio siglo XIII. Ni siquiera su hijo Pietro, que escribió uno de los primeros comentarios al poema creyó en la historicidad que su padre quería otorgarle.

Puede ser que alguien crea que Dante sí descendió a los infiernos desde los oscuros bosques donde lo encontramos en el primer canto del infierno. Pero seguro que son los menos lectores.

Aunque a Dante le molestaría saber que no todos o casi ninguno ha aceptado su palabra como histórica, sí le confortaría saber que si la hemos aceptado como verdadera.

Y es que un relato, puede ser no histórico y no por eso dejar de ser verdadero. Esta es la parte que hace excitante a la literatura. Y es por ello que sigue viva. La literatura, en este caso «La Divina Comedia», nos transforma cada vez que la leemos. Igual que Dante transforma a Virgilio, su autor favorito, al reclutarlo como personaje centra de su obra.

Virgilio incluso adquiere un nuevo destino en el plan de Dante. Es cierto que un destino agridulce. Lo enrola como guía valiente. Pero también como ciudadano permanente del infierno.

«Commedia» La divina.

Parte de la fascinación que Dante sentía por Virgilio, viene del hecho de que la «Eneida» contaba los orígenes de Roma. Dante intentaba constantemente arreglar la identidad presente y futura de Italia. Es por esto que integra a Virgilio en esta nueva visión. Aunque Virgilio resulta abandonado finalmente en el infierno. Con esto, Dante se asegura que su poesía no se abandone.

En resumen, «Commedia», como inicialmente se tituló la obra, marca el origen de la literatura moderna. Una literatura de ideas como decíamos al principio. De manera que, aunque ajustamos siempre nuestros paradigmas literarios, siempre llevamos con nosotros a Dante.

Encontramos en Dante conceptos nuevos, nuevos principios, nuevos regalos para nuestra época. Su corpus de conocimientos pudiera ser rígido pero no era así su imaginación. Ésta no tenía límites. Y eso, produce una obra de arte cuyo final es mucho más abierto de lo que incluso el autor hubiera deseado.

Leemos a Dante Alighieri no sólo para descubrir lo que dice, sino también para descubrir lo que podría estar diciendo mañana. Puede tomarse como ejemplo las constantes reinterpretaciones que hay de los amores adúlteros de Francesca y Paolo en el Canto V del Infierno. Una inagotable lluvia de interpretaciones que se adaptan a todos los tiempos y culturas. Una riqueza en todas las dimensiones del intelecto que desbordaba en el siglo XIII y continúa haciéndolo. No en vano, otro gran autor, Giovanni Boccaccio, con el paso del tiempo rebautizó a «Commedia» como «La Divina Comedia». Con «Divina» se quedó porque tal vez, «Divina» sea la obra.

 

 

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